Aren’t We Clever?
The sun was shining,
The world was full of smiles,
And everyone was blessed
With what they were provided.
And no one bragged.
Until some discovered
They could manipulate others: the clever ones,
The architects of civilisation.
While archaeologists,
Succeeding the clever ones,
Dig for the trophy to hold,
And praise the glory of the past,
And justify man’s creation,
They are utterly ignorant
Of the absence of harmony,
The sweats, sacrifices, and pains
For those bricks to form reigns.
The products of civilisation
Were education and Moses.
His creation of the white tent and
The unseen god.
And his cleverly made holy ancestors,
Led to the holy control of free joys:
Sex, food and liberty,
Granted to us by the generous and merciful
God,
Taken away under the name of the unseen god.
When sex, food and liberty were in a cage,
Fantasy, wars, and the art of hardship,
To more romantics: longing,
To activists: ISMs
Ran at large.
To some they are demons,
To others, angelic beauties.
Someone called the Son,
Not a boastful claim,
But a wake up call,
Warned us of the deceit,
The clever ones sanctified Him,
To make the crucifixion a favor,
With the promise from the unseen god:
The eternal resurrection.
And the faithful ones joyfully celebrate Him,
Without even understanding the deceit,
His pain, suffering, even His message.
Such a sad trap.
Such a distraction.
We didn’t mean to end here.
The clever ones, never stop,
Nor the unseen gods,
Only changing names,
In the modern term: rebranding.
I know I am exhausted
From this ongoing show.
No one even dares to say the words:
“Enough is enough.”
I want comforting arms,
For harmony and not games.
The taste of vino de verano on a hot summer afternoon,
Watching the golden sunset of Graná,
Feeling the duende of flamenco under my skin,
And enjoying the silver light of the moon on the red,
Never-giving-up-seducing, Alhambra.
Is this too much for a man to ask for?
We only have our chance,
But no one dares to say the word,
Until the final breath arrives,
Where the audience is death.
Rymos
31/05/2026
Granada, España
Plaza del Ángel
¿No somos ingeniosos?
El sol brillaba,
El mundo estaba lleno de sonrisas,
Y todos estaban bendecidos
Con lo que se les había provisto.
Y nadie se jactaba,
Hasta que algunos descubrieron
Que podían manipular a los demás: los astutos,
Los arquitectos de la civilización.
Mientras los arqueólogos,
Sucediendo a los astutos,
Excavan en busca del trofeo que poseer,
Y alaban la gloria del pasado,
Y justifican la creación del hombre,
Son completamente ignorantes
De la ausencia de armonía,
Los sudores, sacrificios y dolores
Para que esos ladrillos formaran reinos.
Los productos de la civilización
fueron la educación y Moisés.
Su creación de la tienda blanca y
el dios invisible.
Y sus antepasados santos, astutamente creados,
Llevaron al santo control de las alegrías libres:
El sexo, la comida y la libertad,
Concedidos a nosotros por el generoso y misericordioso
Dios,
Arrebatados bajo el nombre del dios invisible.
Cuando el sexo, la comida y la libertad estaban en una jaula,
La fantasía, las guerras y el arte de la penuria,
Para más románticos: el anhelo,
Para los activistas: los ismos,
Corrían a sus anchas.
Para algunos son demonios,
Para otros, bellezas angelicales.
Alguien llamado el Hijo,
No como un reclamo jactancioso,
Sino como una llamada de atención,
Nos advirtió del engaño,
Los astutos lo santificaron,
Para hacer de la crucifixión un favor,
Con la promesa del dios invisible:
La resurrección eterna.
Y los fieles lo celebran con alegría,
Sin siquiera entender el engaño,
Su dolor, su sufrimiento, ni siquiera Su mensaje.
Qué trampa tan triste.
Qué distracción.
No era nuestra intención terminar aquí.
Los astutos nunca paran,
Ni los dioses invisibles,
Solo cambian de nombre,
En términos modernos: Rebranding.
Sé que estoy agotado
De este espectáculo continuo.
Nadie se atreve siquiera a decir las palabras:
«Ya basta».
Quiero unos brazos que consuelen,
Para la armonía y no para los juegos.
El sabor del vino de verano en una calurosa tarde de estío,
Contemplando el atardecer dorado de Graná,
Sintiendo el duende del flamenco bajo mi piel,
Y disfrutando de la luz plateada de la luna sobre la roja
Y jamás rendida a la seducción, Alhambra.
¿Es esto demasiado pedir para un hombre?
Solo tenemos nuestra oportunidad,
Pero nadie se atreve a decir la palabra,
Hasta que llega el último aliento,
Donde el público es la muerte.
Rymos
31/05/2026
Granada, España
Plaza del Ángel